lunes, 27 de julio de 2015

Limpieza recurrente

Una vez al año, limpio mi cuarto de la basura, libros, cd’s y cassettes, ropa y zapatos que me están restando espacio. Miro los papeles que me recuerdan algunos pendientes y que me hacen sentir un poco cucaracha, aunque no tanto. Aparecen los libros que compré y que a pesar de tener un prólogo que indica que la obra es genial, no valían la pena, lo que me hace pensar que los prólogos sólo deberían ser para autores consagrados. Veo los cd’s con rolas que ya no muy me cuadran, una guitarra rústica que no suena bien y que tiene sólo tres cuerdas, una flauta traversa descompuesta hace rato porque nunca tengo pisto para arreglarla, un montón de cajas, una impresora HP descompuesta y un aparato de sonido que todavía tiene tornamesa para discos de acetato (de los últimos que se vendían). Esta vez sí estoy decidido a no claudicar y tirar todo. Creo que sólo la flauta se salvará —en espera de mejores tiempos— junto a unos cuantos cd’s y libros. El desafío será no acumular tanto, vivir un poco más ligero, ser más selectivo. Eso es lo que me repito todos los años.

lunes, 20 de julio de 2015

La chica de la limpieza



El trabajo es importante no si está bien considerado o bien pagado, sino si se hace bien. Por eso no tiene ningún sentido menospreciar a las personas que nos sirven. El servicio es la mejor parte del olvido de sí: vale quien sirve. Actitudes como ¿quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer? o negarse a hacer la cama: que la haga "la chica" que para eso le pagamos, está de sobra absolutamente. Esto revela la siguiente anécdota:

Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la última: "¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?". Pensé que seguramente era una broma. Había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero ¿como iba yo a saber su nombre?. Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. "Absolutamente", dijo el profesor. En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son significantes y merecen ser vuestra atención, aun sólo si ustedes les sonríen y dicen "Hola". Yo nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dora.
 
….Y usted,
¿sabe el nombre de las personas que le sirven?

lunes, 13 de julio de 2015

Necesidad de la limpieza (conciencia, escrúpulo, examen)

La necesidad de un cuerpo limpio y de un cerebro sano es un signo de normalidad de la persona. 
 
 Anormalidad es el exceso de simetría en las mesas, exceso de limpieza en la casa (polvo, vasos); en el cuerpo, en la cara… 
 
He oído de casos de personas que tienen agorafobia, que no pueden ni salir de casa. 
Continúa la historia que comparte experiencias…
 
Esta enfermedad en el alma se llama escrúpulo. 
 
El escrúpulo es miedo. Miedo a la mancha, miedo a defraudar, a fallar, a no poder, al fracaso, al castigo, al fuego inextinguible… 
 
Una casa sin desahogadero, sin cañerías ni tuberías que conduzcan al pozo ciego, es no sólo ilegal, sino impensable: explotaría de inmundicia y podredumbre. Olería peor que una pocilga. 
 
¿Dónde nos desahogamos? ¿Dónde nos sinceramos? ¿En las discotecas con el alcohol? 
¿Con los amigos? ¿Solos, en casa, ante el espejo? ¿Con el perro
 
Para dar una respuesta certera hay dos preguntas clave, todavía: una es si estas personas nos escuchan de verdad y la otra es si están realmente preparadas para ayudar nuestra intimidad, para aventurarse en nuestra conciencia, para obtener la llave de lo profundo del alma.

lunes, 6 de julio de 2015

El alegre barrendero

Estaban un chico un poco gamberro y sus amigotes pasando el día en un parque de atracciones. Habían ido muy temprano y todo estaba vacío y limpio, cuando vieron al barrandero del parque, cantando y bailando mientras barría. Como todo estaba tan limpio, les hizo mucha gracia verle trabajar tan alegre desde tan pronto, y no dejaron de contar chistes y gastarle bromas pesadas. Pero él no se molestaba y seguía barriendo su limpia calle, así que comenzaron a tirar papeles y bolsas al suelo, "para darle trabajo". Cuando llegaron más visitantes, y vieron al chico y sus amigos tirando bolsas y basura al suelo, pensaron que era uno de los juegos del parque, y lo mismo pensaron los siguientes, y los siguientes, y antes de que nadie pudiera darse cuenta, el parque estaba hasta arriba de basuras, y el buen barrendero no daba abasto.
 
A nadie parecía importarle, pero empezó a ocurrir algo extraño. Según pasaba el tiempo, las atracciones del parque se iban vaciando, y cada vez había más personas cabizbajas mirando el suelo, hasta que al final del día, nadie hacía cola en los divertidos juegos del parque, y todo el mundo se dedicaba a mirar al suelo. "Pero bueno", se decían los encargados del parque, "¿qué estará pasando?"
 

Pues... ¡que todos estaban buscando algo!.
 

Resultó que a lo largo del día, a todo el mundo se le terminó cayando algo al suelo, pero como estaba lleno de bolsas, papeles y suciedad, en cuanto algo caía.. ¡era casi imposible encontrarlo!
 

Y como aquello no tenía remedio, tuvieron que ponerse de acuedo para limpiar el parque entre todos y luego encontrar sus cosas. Pero animados por el barrendero, lo hicieron cantando y bailando, y le pusieron tantas ganas y fue tan divertido, que desde aquel día crearon un juego nuevo en el parque donde todos, armados de escobas y bolsas, se dedicaban a limpiar un rato riendo y bailando.