Una vez al año, limpio mi cuarto de la basura, libros, cds y cassettes,
ropa y zapatos que me están restando espacio. Miro los papeles que me
recuerdan algunos pendientes y que me hacen sentir un poco cucaracha,
aunque no tanto. Aparecen los libros que compré y que a pesar de tener
un prólogo que indica que la obra es genial, no valían la pena, lo que
me hace pensar que los prólogos sólo deberían ser para autores
consagrados. Veo los cds con rolas que ya no muy me cuadran, una
guitarra rústica que no suena bien y que tiene sólo tres cuerdas, una
flauta traversa descompuesta hace rato porque nunca tengo pisto para
arreglarla, un montón de cajas, una impresora HP descompuesta y un
aparato de sonido que todavía tiene tornamesa para discos de acetato (de
los últimos que se vendían). Esta vez sí estoy decidido a no claudicar y
tirar todo. Creo que sólo la flauta se salvará en espera de mejores
tiempos junto a unos cuantos cds y libros. El desafío será no acumular
tanto, vivir un poco más ligero, ser más selectivo. Eso es lo que me
repito todos los años.
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